12 enero 2011

Las termas romanas de la Aduana

Publicado en La Opinión de Málaga
Alejandra Guillén

El entorno urbanístico cercano al Teatro Romano y la Alcazaba sigue guardando en sus profundidades más secretos por descubrir. Las obras de peatonalización del centro histórico, llevadas a cabo por la Gerencia de Urbanismo, se han extendido hacia la zona del Palacio de la Aduana, futura sede del Museo de Málaga, y concretamente a la travesía Pintor Nogales, que posibilitará la conexión entre el casco urbano y el Paseo del Parque.

Esta actuación ha motivado una excavación arqueológica en esta calle, que corresponde a una de las fachadas laterales de la antigua sede de la Subdelegación del Gobierno y donde ha salido a la luz un valioso ejemplo acerca de los hábitos de vida en la Málaga romana. Fue una auténtica sorpresa la que apareció ante los ojos de la arqueóloga Ana Espinar, de la empresa Taller de Investigaciones Arqueológicas. Dada las características de la zona, el equipo arqueológico pensaba que iban a aflorar del subsuelo piletas de salazones o restos de muralla islámica. Aparecieron pero de forma muy escasa. La muy transitada calle Pintor Nogales escondía en sus entrañas otros restos de gran valor histórico, unas termas romanas en un excepcional estado de conservación. Estos hallazgos se pueden relacionar con restos asociados a estas estancias de baño y que han aparecido en la excavación en el interior de la Aduana.

«Están muy bien conservadas. Con estos vestigios, es la primera vez que hemos dicho: Estamos en Roma. La calidad de conservación nos ha permitido conocer más sobre estos recintos destinados a los baños públicos o privados en la época romana. Son un ejemplo de libro del arte romano, además que refuerza la hipótesis de que este entorno de la calle Alcazabilla fue una zona noble, monumental, en la época romana», detalla la arqueóloga municipal, Carmen Peral.

Prueba de ello es la aparición en perfecto estado de todos los elementos que conforman los baños romanos. Se ha localizado el hypocaustum, la parte subterránea de las termas; un suelo radiante que permitía calentar y distribuir el aire caliente. En este sentido, Espinar explica que en un primer momento funcionó como una piscina de agua caliente (caldarium) y después templada (tepidarium). Una parte del suelo del hypocaustum se construyó sobre el propio terreno, mientras que la otra aprovechó un muro de sillares perteneciente a una edificación altoimperial que también se ha localizado en la excavación. «La zona inferior de las termas es de mampostería muy bien careada y la parte superior alterna hiladas de ladrillo con sillarejos bien escuadrados», cuenta Ana Espinar.

Aunque ahora los restos se van a cubrir y proteger con grava y geotextil, el Ayuntamiento estudiará una posible puesta en valor futura dado el importantísimo valor del hallazgo.