26 diciembre 2009

Se edita al fin la General Estoria, la gran empresa inacabada del Rey Sabio

Publicado en El Cultural
Daniel Arjona


El Toledo de la segunda mitad del siglo XIII d. C. debió asemejarse a una hiperactiva factoría de conocimientos de insólita ambición. Si bien aquellos años señalan la plenitud del mundo medieval, la situación del monarca castellano leonés no resultaba fácil. Las aspiraciones de Alfonso X al trono del Sacro Imperio se habían visto defraudadas y una revuelta sucesoria de su hijo, el infante Sancho, amargaba sus últimos años de reinado.

Y sin embargo, el que sería llamado Rey Sabio, empujado por su insaciable curiosidad, y, tal vez también, como refugio frente a las amenazas que le rodeaban, llevó a cabo una extraordinaria labor intelectual que nos legó obras como las Partidas, las Cántigas de Santa María, la Estoria de España o la General Estoria. Es esta última, una pantagruélica historia universal que quedaría inacabada, la que en una no menos titánica empresa, se ha decidido a recopilar y editar la Biblioteca Castro. Las dos primeras partes, de dos tomos cada una, ya refulgen en las librerías.

Una investigación detectivesca
Se trata de un proyecto en el que un equipo de expertos medievalistas en crítica textual, comandados por Pedro Sánchez- Prieto e Inés Fernández Ordóñez, ha cargado sobre sus espaldas doce años de trabajo, en una investigación detectivesca a la caza del códice, por archivos y museos que ha acabado haciéndose carne, tras una prolija reconstrucción, en diez tomos que suman más de 8.000 páginas. Páginas que han estado durante más de ocho siglos dispersas y ocultas a la lectura.

La General Estoria fue encomendada al llamado taller historiográfico alfonsí dirigido por el mismísimo Rey. Concebida como una historia universal desde la Creación hasta el Reinado Alfonsí la confección acude a las fuentes bíblicas pero, y ahí su originalidad y ambición, también a la tradición grecoromana y a las fuentes gentiles. La envergadura de la obra explica que esta quedase truncada en torno al nacimiento de Cristo, la Quinta de las Seis Edades en las que, siguiendo la Teoría de las Edades del Hombre, tan presente en el imaginario medieval había sido estructurada la Empresa.

El do de pecho del idioma
Para Darío Villanueva, de la Real Academia y director literario de la Biblioteca Castro, la General Estoria “representa una especie de do de pecho de un idioma que está ya seguro de sí mismo, que se atreve a tratar de tú a las lenguas clásicas, al árabe y al hebreo, y desde tal autoestima, se siente con fuerzas sobradas para afrontar una empresa quimérica: contar la Historia de la Humanidad desde la creación del mundo hasta la segunda mitad del Siglo XIII, en el reinado del Rey Sabio, el ambicioso impulsor de todo el proyecto, que hubiese querido ser ungido Emperador”.

Pedro-Sánchez Prieto destaca “la variedad de temas, de intereses, de estilos configura un caleidosocopio que nunca deja de asombrar. En la obra se dan cita el estilo sapiencial de los Proverbios de Salomón, el lirismo del Cantar de los cantares, la maestría retórica de las cartas de Penélope a Ulises, la agilidad narrativa de algunas secciones de los libros de los Reyes de Israel y Judea o de la vida de Nabucodonosor. El esfuerzo por expresar en castellano contenidos reservados hasta entonces a las grandes lengua de cultura, griego (desconocido por entonces en la Península Ibérica), latín y árabe ensanchó las fronteras de nuestra lengua. La dotó de un vocabulario y una sintaxis que permitió que en el siglo XIV surgieran prosistas como el infante Don Juan Manuel, precisamente, sobrino del propio Alfonso X”.

¿Cómo se explica el periodo de extraordinaria actividad intelectual que informa los años del Rey Sabio? Según Darío Villanueva la clave estuvo, indudablemente, en la personalidad del propio soberano quien “parece como si sublimase en cierto modo su ambición imperial frustrada reivindicando la soberanía del castellano, ofreciéndolo como lengua común a judíos, musulmanes y cristianos, como instrumento propiciador de la educación y archivo de la historia del mundo”. Sánchez-Prieto coincide en lo esencial de la voluntad decidida del monarca pero hace hincapié en que “una actividad literaria, historiográfica, científica y legislativa como la que se desarrolla en torno a Alfonso el Sabio no surge por generación espontánea. Eran necesarias varias condiciones. Desde luego, el contar con recursos materiales para finaciar una obra como ésta. El ensanchamiento del reino con Fernando III trajo nuevas posibilidades económicas. Alfonso X explotó la fiscalidad extraordinaria, antes casi desconocida en Castilla. El desarrollo del comercio contribuyó a la circulación de códices y de los costosos materiales necesarios para elaborarlos, sobre todo el pergamino. Pero Alfonso X tambien se favoreció de la actividad monástica”.

Apertura intelectual
La lectura de la General Estoria ofrece pasajes sorprendentes e iluminadores. Darío Villanueva destaca la relación entre “la personalidad del rey que ambicionaba el imperio, junto a ese maridaje entre realidad y ficción característico de la General Estoria, con el énfasis especial que se pone en dos figuras de héroe, mítico el uno e histórico el otro: Ulises y Alejandro de Macedonia. En la Tercera parte, se trasluce auténtica fascinación por Odiseo, el paladín astuto gracias al cual los griegos habían vencido a Troya, al que se atribuye además la fundación de Lisboa, y en la Cuarta se incluye una biografía de Alejandro Magno, con todo el exotismo de sus incursiones en el lejano Oriente”.

Lo más llamativo a señalar es, según Pedro Sánchez-Prieto, “la apertura intelectual del monarca y su equipo, que no rechaza ni siquiera las críticas a la monarquía. El apólogo de Jotán, en el libro de los Jueces, cuenta que los ‘árboles de la selva’ buscaban rey. Ofrecen el trono sucesivamente al olivo, la higuera y la vid, pero todos tienen bastante trabajo con dar sus frutos; sólo acepta la zarza espinosa. Tampoco son particularmente timoratos en cuestiones relativas al sexo” Y concluye el profesor: “Resulta increíble la curiosidad sin límites del Rey Sabio, su interés por someterlo todo a crítica”.