13 noviembre 2009

La joya de Goikolau

Publicado en El Correo Digital
Jon Fernández

Cuentan los libros de historia que en la Edad de Bronce era habitual la inhumación colectiva en una cueva. El ritual consistía en depositar el cadáver sobre el suelo y abandonarlo junto a su ajuar, preferentemente en zonas apartadas de la cavidad. En Andalucía y Extremadura aparecen a menudo múltiples restos de esta práctica funeraria, pero en el País Vasco son toda una rareza. Uno de los yacimientos arqueológicos más fértiles es la cueva de Goikolau, enclavada en la localidad vizcaína de Berriatua. De allí se han recuperado múltiples materiales cerámicos y numismáticos, así como puntas de flecha y elementos de adorno. La pieza más codiciada es un collar datado en el año 2000 a. C. que se expone desde ayer en el bilbaíno Museo de Arqueología.

Localizada en los años ochenta durante una excavación encabezada por Carlos Basas, la joya inaugura un nuevo programa de divulgación de los contenidos del complejo de las Calzadas de Mallona bautizado como 'El museo pieza a pieza'. ¿El objetivo? Presentar a los ciudadanos «los elementos más interesantes o llamativos» de las instalaciones, según informaron en el departamento de Cultura de la Diputación.

El 'Collar de Goikolau' protagonizará la iniciativa hasta el 13 de diciembre y se convertirá así en la estrella del museo durante un mes. La extraordinaria pieza se compone de 110 cuentas de formas diversas (discoidales, cilíndricas y globulares) y tamaño poco variable. Ninguno de los fragmentos excede de un centímetro de diámetro. Casi todas presentan un grado de conservación «satisfactorio» y ofrecen una amplia gama de tonalidades verdosas, detallan los responsables del recinto. Emula al camaleón: cambia de color según la ocasión. El público ya puede disfrutar de ese efecto óptico.

El yacimiento de Goikolau fue localizado en 1935 por José Miguel de Barandiarán, quien recuperó materiales arqueológicos dispersos en dos zonas del suelo de la cueva. No fue hasta treinta años más tarde cuando se documentó que había, además de la necrópolis, un conjunto de grabados parietales.