08 mayo 2008

Los monjes de Santiago de Peñalba grababan los graffitis durante la oración

Publicado en Diario de León
Cristina Fanjul

«Bajo este mármol, sepultado en Cristo, está Esteban, abad insigne, intachable en las costumbres, verdadero hombre del Señor, recto y severo en la vida, discreto, sabio, sobrio y paciente...» Estas palabras son parte de uno de los grafitos descubiertos en los muros de Santiago de Peñalba. La inscripción funeraria se conserva en una de las jambas de la puerta de acceso al cementerio desde la nave del templo y glosa la figura del abad que introdujo la regla benedictina en Peñalba.

La investigación, patrocinada por la Fundación del Patrimonio, ha sido realizada por Milagros Guardia, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, en Santiago de Peñalba y arroja luz sobre uno de los hallazgos más reveladores del monasterio altomedieval leonés.

La profesora destaca que las inscripciones monumentales tenían en la Edad Media la función de dar a conocer actos y ceremonias fundamentales. Los más comunes eran la fecha y circunstancias de consagración de un edificio, la alabanza de su fundador o el recuerdo de las cualidades del difunto. La realización pasaba por distintas fases. Milagros Guardia subraya que la primera de ellas consistía en la redacción del texto en cursiva, a la que seguía su transcripción en letras capitales. «A partir de este modelo, el incisor la trasladaba a la piedra, entendiera o no su significado», precisa. La investigadora añade que en ocasiones, y debido al analfabetismo del incisor se producían algunos errores.

Carteles propagandísticos
En el caso de la inscripción que da comienzo a este artículo, cabe reseñarse el hecho de que se trata de un «verdadero cartel propagandístico» de la nueva etapa (liturgia romana frente a la mozárabe) que se inauguraba y de la necesaria adecuación de un viejo edificio a la nueva realidad litúrgica.

No obstante, también se da el caso de que estas inscripciones se realizaran simplemente por «exhibicionismo reprimido o la necesidad de sus autores de negar su anonimato», es decir, por simple expresión espontánea. Estos son los que ofrecen la información más interesante, por cuanto que nos abren la puerta de la mentalidad de la época. Hay que incidir en el hecho de que los monjes dedicaban entre cuatro y ocho horas diarias a la oración. Y es precisamente en el coro (el espacio destinado a los oficios divinos) donde se han localizado la mayoría de los grafitos. Junto a los nombres propios, en muchos casos repetidos -Genadius, Martinus, Rodericus...-, destacan también los signos complejos, como el nudo de Salomón que, según la profesora refiere a un universo de creencias ancestrales. Importantes resultan también los dibujos de figuras humanas o animales. «Comparten dichos dibujos, salvo excepciones, un carácter ingenuo o bien unas convenciones que reducen la figuración a los rasgos esenciales con una tendencia clara a la esquematización», precisa Milagros Guardia.

En los muros del coro, una serie abundante de animales de distinta especie se completa con dos de los tópicos de imaginario medieval medieval: las inquietantes parejas de sirena-pájaro y centauro. «Ambas figuras encarnan esencialmente el pecado de la lujuria y de un modo más amplio, el engaño herético y los placeres el mundo, incluyendo la música profana», asegura la profesora.

La investigadora hace hincapié en el hecho de que en gran número de graffiti, la indumentaria de las figuras humanas está realizada al detalle, sobre todo en los casos de la vestimenta de los monjes: túnica, escapulario y capa con capucha. Otro detalle resaltado por Milagros Guardia es la reiteración de las figuras a caballo, que demuestra la importancia de las monturas, indispensables para los desplazamientos desde el monasterio a los núcleos habitados.

Más información sobre este monasterio, en la revista "Patrimonio" de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León

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