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05 enero 2011

Fallece el medievalista Manuel Riu a los 71 años

Publicado en Europa Press

El historiador medievalista y catedrático de la Universidad de Granada y la Universitat de Barcelona, Manuel Riu, falleció el día 2 de enero a los 71 años, ha informado este lunes en un comunicado el Institut d'Estudis Catalanas (IEC), de cuya Sección Histórico-Arqueológica formaba parte desde 1990.

Nacido en Manresa (Barcelona) en 1929, recibirá este martes un acto de homenaje en la iglesia de Sant Llorenç de Morunys (Lleida).

Dirigió las publicaciones 'Índice Histórico Español' y 'Acta Historica et Archeologica Medievalia', además de coordinar los 'Quaderns d'Estudis Medievals', y es autor de una veintena de libros y 650 trabajos de síntesis e investigación histórica y arqueológica de la época medieval.

Entre sus aportaciones destacan también las hipótesis sobre el origen del feudalismo en Catalunya, basadas en fuentes de estadísticas sobre demografía medieval y sobre la producción de lana y ganado de la época.

Riu era también miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y de la Academia de la Historia de Madrid, y en 2003 recibió la Cruz de Sant Jordi que otorga la Generalitat.

La presidenta de la Sección del IEC de la que formaba parte, Maria Teresa Ferrer, ha destacado la tarea del medievalista como "desarrollador del estudio de la arqueología medieval en Catalunya y en el resto de la Península".

20 mayo 2010

Maite Amare Tafalla: Una broncínea lucerna te ofrecerá Lux Perpetua.

Me enteré por Traianus

Ha fallecido Maite Amaré Tafalla. Copio las emotivas líneas que le dedica Manuel Martín-Bueno, catedrático de la Universidad de Zaragoza:

Tengo en mi despacho desde hace muchos años fotos de mis doctores, de aquellos que en número de varias decenas confiaron, y aún lo hacen, en mi persona para encaminarles por la nada fácil senda de la investigación y la universidad, eso que llamamos vocación.

La primera de ellas es la de una joven de mirada seria, siempre un poco hacia un lado y hacia la tierra, manías de arqueólogos, con un peinado invariablemente en melena corta y flequillo recto sobre la frente, negros los cabellos y aspecto general que inspira confianza y seguridad.

Es la imagen que para mí perdurará el tiempo que lo hagamos su fotografía y yo mismo. Es la imagen del comienzo de la madurez de una joven que se presentó a mi en primero de carrera en Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, en compañía de su compañero inseparable, esposo luego, hasta que el destino ha decidido lo contrario de forma inexorable, para decirme ambos que quería venir a excavar a Bilbilis y que aquello de la Arqueología parecía atraerles de forma decidida.

Lo que pudo ser atracción repentina y pasajera se convirtió en vocación y adhesión inquebrantable hasta hace unos días en que persona y vocación, convertida en profesión, se han separado por mor del destino de forma definitiva.

Maite Amaré, alumna ordenada hasta el paroxismo, de expediente universitario mas que sobresaliente, excepcional, cuando conseguirlo no era fácil por la competitividad reinante, tenía una letra menuda y regular y sus exámenes dignos del británico mas acrisolado, estaban trazados con tiralíneas, con las frases y palabras precisas, ni una mas ni una menos que las necesarias y con una concisión y precisión terminológica que asombraba a los profesores que tuvieron la suerte de enseñarle algo.

Fue la primera de mis alumnos en redactar una tesis de licenciatura sobre las Lucernas de Bilbilis y la primera también en defender una tesis doctoral sobre el mismo tema extendido al mundo del Valle del Ebro.

Becaria de investigación, pasó por las universidades de Zaragoza, Córdoba y recaló en León, siguiendo los pasos de su maestro, para entonces ya amigo y casi familia, por tradición y proximidad. Obtuvo plaza de Titular de Arqueología en aquella Universidad hasta que hace tres semanas un diagnóstico terrible que en principio apuntaba a un problema pulmonar menor, se convirtió en la palabra clave que a todos asusta pero en un grado que era imposible atajar. Pocos días después se ha ido en silencio.

Una vida intensa, a caballo entre la docencia, la investigación y la familia, sacando adelante entre ella y Jesús a una hija, hoy adolescente que tendrá que aprender a convivir con un vacío irrellenable, han sido el recorrido vital de una mujer que la muerte ha truncado antes de tiempo. Otra persona más a añadir a la lista de los que “todavía no les tocaba”, pero las cosas son así y así las aceptamos.

La rapidez del desencuentro con la vida ha sido rapidísima, casi sin dejarnos reaccionar, sin darnos tiempo a hacernos a la idea, eso tardará pero mientras y luego nos quedaremos con la imagen positiva, con las publicaciones pulcras y referentes obligados, con su concisión, con su carácter amable y duro al mismo tiempo, con la ternura que dejaba para los mas íntimos y con esa foto que queda en mi despacho en la que el flequillo recto enmarca un rostro que definía perfectamente quien era Maite Amaré. Haremos lo posible porque en la broncíneas lucerna nunca falte el mejor aceite que sirva para iluminar también un poco los riscos de Bilbilis donde le crecieron los dientes en las tareas arqueológicas que definieron su vida. Gracias por lo que nos diste y por tu ejemplo de orden, concisión y franqueza aragonesa.

Zaragoza 12/05/2010

Manuel Martín-Bueno
Maestro, colega y amigo

22 abril 2010

Ha muerto Ana María Vicent, ex directora del Museo Arqueológico

Publicado en Diario de Córdoba
Maria Dolores Baena Alcántara, directora del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba

Córdoba, muchas veces callada, y hoy en la carrera activa por convertirse en ciudad cultural en todos los sentidos, también es callada con las personas que le han dado todo.

Ana María Vicent se nos ha ido. Se nos ha ido una gran mujer, una mujer luchadora, que consiguió para Córdoba muchas cosas que hoy nos parecen normales.

Su curriculum es más que extenso. Nacida en Alcoy (Alicante) en 1923, llega a Córdoba en 1959 para ponerse al frente de lo que sería el germen del actual Museo Arqueológico Provincial. Formada en Valencia, Madrid, Roma, Florencia, Bolonia..., miembro correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la Academia de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y de la Real Academia de Córdoba, recibió en 1969 la Medalla al Mérito Turístico y la Medalla de Oro al Mérito de la ciudad de Córdoba y en 1972, la Medalla de Plata al Mérito en las Bellas Artes. Excavó e investigó numerosos yacimientos de la provincia y en más de cien solares urbanos, siendo nombrada en 1980 Inspectora Provincial de Yacimientos Arqueológicos. En 1971 fue nombrada Secretaria del Comité Español del ICOM, el Consejo Internacional de Museos.

Hoy, que el Museo Arqueológico se encuentra en una encrucijada de cambio espectacular, no podemos olvidar que Ana María convirtió al Museo en lo que es hoy en día, recogiendo el testigo de otro gran director, Samuel de los Santos. Aquí empieza a organizar las miles de piezas dispersas, a montar el museo, diseñando el sistema de exposición, las vitrinas y los soportes. Junto a Alejandro Marcos, su compañero de vida, funda la revista Corduba Archaeologica , realiza numerosas excavaciones en Córdoba, salvando de la piqueta piezas muy importantes que hoy forman parte de nuestro legado, "enfrentada a muros de intereses e incultura" como ella misma decía, consiguió recursos para consolidar portadas, casas típicas cordobesas, rehabilitar iglesias y palacios, etc., y gestionó la compra de la totalidad del los terrenos de Madinat al-Zahra.

Su vida fue la lucha por la defensa y acrecentamiento del patrimonio de todos. En una época donde realizar cualquier actividad profesional era dura para una mujer, se enfrentó a los poderes reales de la época, siempre en defensa de ese patrimonio común. Como muestra, el salvar de la especulación el solar del Convento de Santa María de Gracia, convertido hoy en Plaza de Juan Bernier para disfrute de todos. Ana María se jubiló en 1987, y en 1989 se traslada a Madrid, continuando su labor investigadora y de apoyo a los museos, siendo vicepresidenta de la Asociación de Protectores y Amigos del Museo Arqueológico Nacional, y desde 1999 vocal adjunta de la junta directiva.

Pero siempre volvía al Museo, y volvía como lo que era y había sido siempre: su casa. Desde la antigua biblioteca oíamos las fuertes pisadas de sus tacones, con esa energía envidiable que ponía en todo lo que hacia, y sabíamos que volvía doña Ana María para lo que necesitáramos, para lo que necesitara el Museo. Con sus luces y sombras como cualquier ser humano, para nosotros siempre fue generosa para ayudarnos con su conocimiento y experiencia en la labor que entonces comenzábamos en el museo.

Hoy nos falta algo en estos patios, en estas salas, y no son piezas, es un patrimonio intangible que esta ciudad tiene que reconocer: el conocimiento y la valiente labor de una mujer en tiempos difíciles para el patrimonio histórico.

23 enero 2010

Guatemala: Muere pilar de la arqueología nacional

Publicado en Siglo XXI
Lucía León

El impulsor del desarrollo de la arqueología en Guatemala, Juan Pedro Laporte, falleció ayer por la mañana como consecuencia de un tumor terminal en los pulmones. Es considerado el Padre de la arqueología guatemala, ya que gracias a su iniciativa se abrió un espacio en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) para que se impartiera la carrera que le apasionaba y se iniciara con la formación de nuevos profesionales.

Catedrático e investigador

Según Danilo Dardón, director de la Escuela de Historia, con la muerte de Laporte se pierde al “arqueólogo más brillante, prestigiado y querido del país”, cuya labor en Guatemala se inició a mediados de la década de 1970, luego de haber estudiado en la Universidad Autónoma de México y en Estados Unidos. A partir de ahí se involucró en los proyectos para comenzar con las excavaciones e investigaciones arqueológicas en Tikal y Mundo Perdido, en Petén. Durante más de 30 años fue catedrático e investigador de la Escuela de Historia de la Usac.

“Laporte era una persona muy comprometida con su labor. En diciembre del año pasado viajó con sus estudiantes para que ellos realizaran sus prácticas arqueológicas en el municipio de Dolores, Petén. Ahí hay un museo creado por él, porque tuvo a su cargo la investigación y reconstrucción del lugar histórico”, relata Dardón.

Petén es un departamento que el especialista logró conocer a cabalidad, ya que se dedicó a recorrerlo para registrar el patrimonio histórico en el primer Atlas arqueológico de Guatemala, publicado en 1995. Entre los libros de su autoría se encuentran: Bibliografía de la arqueología guatemalteca, Tikal y Uaxactún en el período Clásico y La organización territorial y política en el Mundo Maya Clásico.

13 noviembre 2009

Hemos perdido a Lothar Bergmann

Publicado en Europasur.es
Carlos Gómez de Avellaneda Sabio


NUESTRO amigo Lothar Bergmann ha fallecido en un hospital de Córdoba. Tras haber luchado heroicamente durante años contra un serio problema pulmonar y conseguir superarlo, otra grave afección se ha llevado su vida prematuramente, privándonos del resto de su aportación a la humanidad.

De Lothar siempre recordaremos ante todo su profunda sensibilidad, su calidad humana, su inagotable capacidad para ayudar a todos y participar en mil causas justas siempre desinteresadamente, con esa humildad patrimonio de los grandes hombres, y siempre como la cosa más normal del mundo. No se alteraba ante la adversidad y demostró ser capaz de sacrificar su salud o incluso poner en peligro su vida en la defensa de sus ideales. Demostró que, sin poseer una especial formación académica, se puede hacer una gran labor científica, superando a veces con sus modestos medios personales los resultados de bien financiados equipos universitarios. Defendió el patrimonio monumental como un león, dejando, sin proponérselo, a menudo en entredicho a funcionarios y políticos, siendo esa molesta conciencia social de la cual ya habló Sócrates.

Siempre estuvo comprometido con causas nobles, como la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, utilizando los más actuales medios de comunicación, llevando a cabo una labor de divulgación y concienciación extraordinariamente eficaz, por medio de conferencias, organización de exposiciones, colaboración con museos, participación en jornadas y, sobre todo, por medio de su gran arma, la red digital, al ser creador de diversas páginas dedicadas a la defensa del patrimonio monumental, principalmente el arte prehistórico. En este sentido, fue pionero en el uso de novedosos procedimientos, como la digitalización de imágenes aplicada a las pinturas prehistóricas de la comarca. A Lothar se debe una formidable ampliación del catálogo de estaciones con arte rupestre, la mayor desde los tiempos del Abate Breuil, y con descubrimientos como el de la Cueva del Moro se puede hablar con toda seguridad de un verdadero arte paleolítico en la comarca. Este tarifeño de origen alemán fue consejero de honor del Instituto de Estudios Campogibraltareños, premio de investigación 1996 del Ayuntamiento de Tarifa y la revista Aljaranda, premio Laurisilva 1999 de Agadén, premio de mención especial 'Tarifa, la voz de un pueblo', en 1999, premio Isidro de Peralta en 2001, de la asociación Mellaria, socio de honor del Grupo de Estudios Prehistóricos y Arqueológicos de la Universidad de Cádiz en 2003, que recibió en 2004 la distinción especial de la Junta de Andalucía, presidente de honor de la Asociación Gaditana para el Estudio y Defensa del Patrimonio Arqueológico (AGEDPA) y que fue nombrado en 2006 hijo adoptivo de Tarifa, tenía entre otras aspiraciones el que el Arte prehistórico de la Comarca, del cual siempre defendió la denominación de Arte Sureño, fuera incluido por la UNESCO para su protección, dentro del llamado 'Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica' y siempre aspiró a la creación en la comarca de un centro de interpretación del arte prehistórico.

Ahora, la antorcha no puede caer en la tierra y apagarse después de tanto esfuerzo. Estamos obligados a continuar la lucha de nuestro irrepetible amigo. Hemos perdido a un gigante.

09 noviembre 2009

Muere Claude Lévi-Strauss, el padre del estructuralismo

Publicado en ABC
Juan Pedro Quiñonero

Con la noticia de su desaparición, hecha pública ayer por la tarde, se cierra una página mayor en la historia de nuestras culturas. Claude Lévi-Strauss (Bruselas (1909), filósofo y profesor de filosofía, en su primera juventud descubrió muy pronto, en Brasil, su pasión por el diálogo, mestizaje y desaparición de las culturas y civilizaciones. Esa pasión primera lo precipitó en brazos de la etnología. Tras el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial, que Lévi-Strauss pasó en EE.UU., donde frecuentó a André Breton y el gran exilio europeo, el joven filósofo confirmó su vocación de gran antropólogo de campo, dirigiendo sucesivas investigaciones célebres que terminarían haciéndolo célebre. Sus trabajos científicos, como patriarca de la antropología estructural, le dieron fama y honores, que pronto arrumbó en el baúl de las pasiones eruditas, jamás desmentidas.

El hombre que cambió el rumbo de la antropología era un gran moralista. Y su pasión por todo lo humano, los hombres, sus artes, sus culturas, sus lenguas, sus mitos, sus músicas, sus leyendas, comenzaron a desbordar, muy pronto, en muy otras direcciones. Su leyendario ensayo sobre «Raza e Historia» (1952) se transformó en un manifiesto cultural en defensa del mestizaje y el diálogo entre culturas y civilizaciones. Poco más tarde, el más legendario de sus libros, «Tristes trópicos» (1955), anunciaba el rumbo definitivo de su obra, en la encrucijada de muchas disciplinas, usando una prosa clásica. «Tristes trópicos» es algo así como un diario intelectual: un antropólogo cuenta sus experiencias íntimas, familiares, personales, profesionales: un hombre de cultura contempla la agonía de otras culturas, al mismo tiempo que nos da cuenta de su fascinación por la inmensa riqueza musical, lingüística y estructural de los mitos y leyendas de otras civilizaciones.

Mitos y leyendas
De esa matriz nace el resto de la obra toda de Lévi-Strauss. El antropólogo siguió desmenuzando la historia y estructura de los mitos y leyendas de viejos pueblos y tribus condenados a la agonía. Ese antropólogo cambiará el rumbo de la historia de su disciplina científica. Al mismo tiempo, el lingüista, amigo de Jackobson (otro de los patriarcas de las viejas disciplinas estructuralistas), descubre cómo la «arquitectura espiritual» de los mitos de tribus condenadas a la desaparición tiene fascinantes paralelismos con la «arquitectura espiritual» (lingüística, literaria, incluso musical) de los mitos y leyendas de otras civilizaciones.

La obra inmensa de Lévi-Strauss se dirigió a paso de carga hacia el reconocimiento universal, que llegó a partir de los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando el antropólogo ya maduro comenzó a entrar en el panteón de los hombres ilustres de su tiempo.

Instalado en su laboratorio de ciencias sociales del College de France, Lévi-Strauss abandonó los trabajos de campo para demorarse en el terreno de la musicología y la antropología comparadas, adentrándose definitivamente en la tierra de nadie del moralista.

El joven Lévi-Strauss temía que la voracidad saturnal de nuestra civilización terminase destruyendo el planeta, tras haber destruido culturas y civilizaciones. El Lévi-Strauss de la madurez pensaba que, en verdad, a finales del siglo XX, era la civilización europea la que comenzaba a estar amenazada: «Los valores de Europa están hoy amenazados», me comentaba en una de las raras entrevistas, a tumba abierta, con un periodista español.

Esa inquietud sobre el destino mismo de nuestra civilización está en el corazón de la reflexión última del último Lévi-Strauss, inquieto por la ascensión imperial de los fanatismos religiosos, la voracidad industrial, la rapacidad mercantilista, la desertización moral y espiritual de nuestra civilización.

Melómano y lector voraz
Desde hacía veintitantos años, Lévi-Strauss estaba parcialmente alejado de la vida intelectual, sin estar totalmente ausente. En un memorable libro de diálogos y recuerdos, el maestro de la antropología estructural denunciaba la nulidad de un cierto pensamiento francés del último medio siglo. Ensayo tras ensayo, siempre más alejados en el tiempo, el moralista volvía una y otra vez a sus temas esenciales: la música, las leyendas, el mestizaje de las culturas, la «estructura» («arquitectura espiritual», en la terminología de Juan Ramón Jiménez) de los pueblos y las culturas. Hasta el fin, lento, silencioso, Lévi-Strauss siguió siendo un lector voraz y un melómano fuera de serie, un caminante solitario, intentando escrutar en la geometría de las estrellas, como Rousseau, el ocaso de las civilizaciones.

02 octubre 2009

Fallece el arqueólogo Javier Fortea

Publicado en La Nueva España

El arqueólogo Javier Fortea, director de las excavaciones del yacimiento de El Sidrón, ha fallecido hoy en el Hospital Universitario Central de Asturias, en Oviedo, aquejado de una grave enfermedad que le tenía alejado desde hace algunos meses de su actividad profesional.

La cueva El Sidrón, en el concejo asturiano se Piloña, se ha convertido en uno de los grandes referentes mundiales de la paleontología, ya que este yacimiento se ha recuperado la mayor colección de fósiles neandertales de la península ibérica.

Fortea había nació en Arnedo (La Rioja) el 1 de julio de 1946 y cursó sus estudios universitarios en la Universidad de Salamanca, donde se licenció en Historia en 1968 con premio extraordinario y obtuvo el grado de doctor en 1972 bajo la dirección de Francisco Jordá Cerdá, también con premio extraordinario.

Fue profesor adjunto interino y adjunto numerario de esa Universidad desde 1968 a 1978 y de 1978 a 1981 fue profesor agregado de las Universidades de Oviedo y Salamanca.

Desde 1981 era catedrático de Prehistoria de la Universidad de Oviedo.

Inició su actividad investigadora con excavaciones en recintos y fortificaciones de época ibérica e ibero-romana en la Bética y con estudios de arte esquemático.

Actualmente sus líneas de investigación se centraban en la transición entre el Paleolítico medio y el superior, en el Paleolítico superior, y en el Arte Paleolítico del área cantábrica, particularmente la asturiana.

22 junio 2009

Muere Julio Valdeón Baruque a los 72 años

Publicado en ABC

El historiador vallisoletano Julio Valdeón Baruque (Olmedo, 1936) falleció hoy en Valladolid a los 72 años de edad.

Julio Valdeón Baruque es doctor en Historia por la Universidad de Valladolid. Entre 1967 y 1971 fue profesor agregado de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid y obtuvo la cátedra en dicha asignatura, ejerciendo como catedrático entre 1971 y 1973 en la Universidad de Sevilla. Desde 1973 es catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid. Entre 1981 y 1984 fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras de dicha Universidad.

Fue miembro fundador y presidente del grupo editorial Ámbito, así como miembro del consejo editorial del periódico El Mundo y del consejo asesor de la revista Historia 16.

En 1994 fue comisario de la exposición 'El testamento de Adán'. En julio de 2002 fue nombrado director del Instituto de Historia de Simancas. El 16 de noviembre de 2001 fue elegido miembro de número de la Real Academia de la Historia, para ocupar la vacante dejada por Pedro Laín Entralgo, ingresando en la misma en junio de 2002.

Es uno de los mayores y más prestigiosos especialistas de España en la historia bajomedieval de la Corona de Castilla. Además de libros de texto para Enseñanza Secundaria y Bachillerato y de un apreciable conjunto de artículos sobre la enseñanza de la Historia, Julio Valdeón también ha publicado títulos como Enrique II de Castilla. La guerra civil y la consolidación del régimen (1366-1371) (1966); Los judíos de Castilla y la revolución Trastámara (1968).

El reino de Castilla en la Edad Media (1968); Historia General de la Edad Media, siglos XI al XV (1970); Los conflictos sociales en el reino de Castilla en los siglos XIV y XV (1975); Aproximación histórica a Castilla y León (1982); En defensa de la historia (1988); El feudalismo (1992); Judíos y Conversos en la Castilla medieval (2000); El chivo expiatorio. Judíos, revueltas y vida cotidiana en la Edad Media (2000), completan su obra.

Valdeón Baruque cuenta con numerosas distinciones, entre las que destaca el Premio Castilla y León de las Ciencias Sociales y las Humanidades en reconocimiento a la labor investigadora sobre el pasado medieval, y su permanente magisterio y generosa disposición. Asimismo, en 2004 recibe el Premio Nacional de Historia de España por la obra Alfonso X: la forja de la España moderna.

Foto y más información sobre Julio Valdeón en El País.
Biografía y bibliografía completa en Wikipedia

10 enero 2009

Ultimo adiós a Juan

Publicado en El Faro

Medalla de Oro de la Ciudad, Faro de Oro en agradecimiento a las extensas y cuantiosas colaboraciones que publicó durante toda su vida en este medio y ejemplo de humanidad.

Juan Bravo decía adiós para siempre a su Ceuta natal a los 88 años de edad, rodeado de toda su familia en Granada. Se escribía así el último episodio de la vida de quien ha sido un ejemplo a seguir en la investigación arqueológica submarina a la que llegó de forma particular, con mucha voluntad, convirtiéndose en todo un referente por sus descubrimientos no sólo en Ceuta sino en todo el país.

Juan Bravo, que gustaba acercarse a este Faro a presentar los artículos correspondientes a los viajes de su hijo, heredero de su afición, deja huérfana un área que ayer recibía con tristeza la noticia de su muerte.

Las inquietudes de Juan, sus investigaciones de alcance incluso mundial le han convertido en una figura destacada. Pero no más que su valía personal, su humildad y su talla humana, que le convirtió en un ejemplo a seguir para todos.

Sus restos serán trasladados con posterioridad a Ceuta, aunque el velatorio tendrá lugar en el cementerio de Granada, tal y como ayer informaba su familia. Aquí, en su Ceuta, se le podrá aportar esa despedida a quien ha sido todo un señor. Los lamentos por su pérdida fueron genéricos desde todos los ámbitos, también desde esta Casa en donde tenía buenos amigos.

La asociación Septem Nostra quiso mostrar su pesar por la pérdida de quien ha sido persona fundamental en la arqueología submarina, habiendo aportado datos relevantes para el conocimiento de la historia de Ceuta, de su patrimonio y del ámbito submarino y de la navegación. Defensor del patrimonio arqueológico, sus contribuciones al Museo Arqueológico de la ciudad son destacadas, disponiendo de una de las colecciones de anclas antiguas y ánforas más importantes.

Con la pérdida de persona tan básica en la cultura ceutí, Septem Nostra quiso hacer hincapié en la humildad de Bravo, que ha sido “todo un lujo para los ceutíes”. Juan Bravo fue el primer instructor nacional que se tituló en el país, siendo reconocido con la medalla de oro de la Federación de Actividades Subacuáticas de la Delegación Nacional de Deporte, efectuando múltiples e interesantes publicaciones sobre este ámbito, dando extensión a su vocación por el mar.


Noticia completa en El Faro

04 enero 2009

Lleida despide al arqueólogo Luis Díez-Coronel i Montull

Publicado en La Mañana

“Luis Díez-Coronel i Montull fue el precursor de la arqueología en Lleida y representó la transición entre una arqueología como afición a una profesional en la provincia”, asegura Joan Ramon González, responsable del Servei d’Arqueologia del Institut d’Estudis Ilerdencs de Lleida (IEI). Díez-Coronel i Montull falleció el pasado viernes a la edad de 96 años habiendo dejado una vida dedicada a la arqueología leridana y de la Franja.

González, que fue el sucesor de Díez-Coronel al frente del departamento de arqueología del IEI, destacó la labor a la hora de descubrir, estudiar y difundir el arte rupestre de las Terres de Ponent. “Díez-Coronel y su compañero arqueólogo Rodrigo Pita Mercè son los responsables del descubrimiento de la mitad de los yacimientos arqueológicos que se conocen actualmente en la provincia”, añadió. De este modo, González destacó algunos de los descubrimientos de los dos arqueólogos como son la Necrópolis de la Pedrera de Térmens o el del Baptisteri de Bovalar, en Seròs, que actualmente se encuentra expuesto en el Museu de Lleida: diocesà i comarcal.

El actual responsable del Servei d’Arqueologia del IEI también recuerda la etapa en la que el departamento estuvo dirigido por Díez-Coronel. “Durante el 1962 empezó a ocuparse del Museu Arqueològic del IEI, y fue su responsable, junto con Pita Mercè, hasta 1987, fecha en la que se desmanteló el museo”, explica González. Su mayor logro, añade, es que se ocupó de una labor, la de arqueólogo, en unos años en los que hacía mucha falta. Pasada la Guerra Civil, Díez-Coronel ocupó el espacio que posteriormente cogería la Universitat de Lleida.

Por su parte, el historiador Ferran Boneu destacó también la labor de Díez-Coronel. Boneu explica que el arqueólogo y su compañero mantuvieron con vida esta disciplina en Lleida hasta que llegaron los arqueólogos profesionales. “En Lleida, hasta una época muy reciente, la arqueología estaba en manos de ambos arqueólogos. Pese a su trabajo, ninguno de los dos era arqueólogo de profesión. Es por eso que es tan importante su aportación a esta ciencia, ya que realizaban sus trabajos con absoluto respeto y crearon un gran conocimiento alrededor de los restos del pasado en la actualidad”, informa.

En referencia a la faceta de divulgación de Díez-Coronel hay que resaltar que fue muy extensa. La primera de ellas vio la luz en 1967 bajo el título de Arqueología Islámica en la Marca Superior de Al Andalus.

El mismo año inició la campaña de excavaciones en el Castell Formal de Balaguer. Al año siguiente publicó El arte Romano Rústico del Valle de Arán y sus pervivencias Medievales. A partir de estas dos publicaciones, continuó con la realización de estudios e informes sobre otros descubrimientos, como de la Necrópolis de Colomina en Gerp, las pinturas esquemáticas de Baldomar y Alós de Balaguer, el Castell dels Comtes d’Urgell-Alcassaba de Balaguer, la excavación arqueológica del palacio de la faberia de Lleida, o la Villa Romana con mosaicos en Albesa, entre muchos otros. Hasta un total de 30 volúmenes en los que también participaron otros compañeros como el ya mencionado Rodrigo Pita Mercè o Tarragó Pleyán.

Boneu destacó que durante las décadas de los años 50 y 60, Díez-Coronel fue “el arqueólogo de la ciudad y de la provincia. Cuando alguien encontraba un resto arqueológico llamaba al IEI, y en el IEI, estaba Díez-Coronel”. El historiador trabajó conjuntamente con Díez-Coronel porque Boneu, que era el conseller de Belles Arts del IEI, era quien debía darle los permisos para realizar las excavaciones.
El interés de Díez-Coronel por la arqueología deja otro legado, y es que el abogado contaba con una biblioteca con miles de ejemplares, la mayoría de los cuales corresponden a esta ciencia.

Díez-Coronel recibió un homenaje por su labor en 1992, cuando tuvo lugar el primer Congrés Internacional de Gravats Rupestres i Murals, que organizó el Servei de Arqueologia y el Departament de Geografía i Història del IEI.

Un abogado de profesión con la mirada puesta en el pasado

Luis Díez-Coronel i Montull nació en Monzón, aunque de muy pequeño se instaló en Lleida y estudió en los Maristes y en el liceu Escolar. Pese a que inició la carrera de Enginyeria Industrial, no pudo acabar la carrera. La que sí que acabó fue la de Derecho libre, que realizó en la Universidad de Zaragoza y en la de Valladolid.

Díez-Coronel entró a formar parte de Regs i Forces de l’Ebre, antigua Cia Canadiense, que fue la constructora del pantano de Sant Antoni de Tremp, el de Camarassa y el Canal de Seròs.

Aunque Díez-Coronel es más conocido por su faceta como arqueólogo, también dedicó su vida a otras facetas. Fue amante del deporte y de Lleida, y por ello formó parte de la Junta Directiva de Lleida de Futbol i la Unió Esportiva Lleida con los presidentes Juanito Porta, Eduard Estadella y Llorenç Agustí, según explica Enric Castells en el libro 50 lleidatans. Bajo el mandato de Eduard Estadella, y con Díez-Coronel, el equipo subió a Primera División.

Noticia completa en La Mañana
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